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Rayo 0-1 Mallorca, La Grada

Y de repente, se hizo el silencio. Esos centenares de voces, ya camino de la afonía tan entrada la segunda parte, que provenían de detrás de la portería se callaron al mismo tiempo. Sólo se escuchaban en ese instante algunos silbidos de tímida protesta al árbitro. Le siguió el silencio. Tan claro y evidente como triste, escalofriante. Es en esos momentos cuando se tiene la sensación de que el tiempo pesa el doble, de que un leve instante, tal vez unos segundos, transcurren tan lentamente que parece que se ha detenido el reloj. Como si de un hilo de voz se tratase, casi como pidiendo permiso previo, surge un intento de cántico. Es entonces cuando Vallekas se da cuenta que hay una pequeña representación de afición visitante. Algunos miran entre sorprendidos y sonrientes, la mayoría gira su cabeza hacia el otro extremo, hacia el Fondo, casi con gesto de ofensa y quizá rogando con la mirada que esas voces que habían cantado hasta ese momento de forma incansable, volvieran a romper ese incómodo silencio.

¿Ese era el «gran ambiente de Vallekas« del que tanto se habla? ¿Esa era la olla a presión a la que en numerosas ocasiones se han referido nuestros jugadores y los rivales que han pasado por el estadio? En ese instante, en plena recta final del encuentro y con 0-1 en el marcador, el rayismo quedaba retratado. La evidencia, en ese silencio sepulcral, hablaba por si sola.

Quizá hasta ese mismo momento todos los socios del Fondo jamás habían reparado en ello, nunca se habían dado cuenta de la verdad: el ambiente de Vallekas son ellos. Ni más ni menos. Quedaba demostrado que el mayor o menor ambiente del estadio dependía únicamente del nivel de animación de esos irreductibles que se pasan los noventa minutos de pie, cantando siempre, rugiendo cuando peor juega el equipo, moviendo banderas sin parar, dando colorido con bufandas y estandartes, metiendo presión a árbitros y rivales, levantando a nuestros jugadores cuando caen. Fue solo un instante, pero pocas veces se ha dicho tanto con un simple silencio.

Se nos llena la boca hablando de ambiente, de pasión, de animación. No pocas veces nos creemos que no hay ninguna como nuestra afición, que la forma de empujar de nuestro estadio es única, que llevamos al equipo en volandas. Mentira. Todo mentira. Vivimos en una mentira. Y podemos seguir con los ojos cerrados viviendo en esa mentira, es el camino fácil, mientras haya unos centenares de incondicionales que eviten que el estadio sea un triste cementerio. Pero el rayismo no debe ser así, no va con su espíritu y debe darse cuenta que el equipo no es sólo de los del Fondo, que nos hace sufrir y disfrutar a todos, y que por eso somos todos los que debemos asumir la responsabilidad de animarle, de crear de verdad ese ‘ambiente de Vallekas’ del que todos se enorgullecen, pero que pocos se dejan la voz para originarlo.

No somos nadie para exigir, para pedirle al resto de rayistas que animen durante todo el encuentro. Nosotros lo hacemos porque así lo sentimos, porque solo así podemos y sabemos vivir el fútbol, porque lo vemos como una ayuda imprescindible para nuestro equipo, porque, al fin y al cabo, somos ultras. Por ello no pedimos a nadie que viva el fútbol, que sienta a nuestro equipo como lo sentimos nosotros, hasta el punto de dejarnos la voz durante noventa minutos, pero simplemente creemos necesario provocar un ejercicio de autoanálisis, una autocrítica constructiva basada en que el empuje de todo el estadio sólo conlleva beneficio para nuestro equipo. Y al final solo se trata de eso: buscar lo mejor para el equipo.

Hasta que llegue ese momento en el que todos los rayistas despertemos, esos pocos chiflados del Fondo seguirán animando como si de todo el estadio se tratase, pero ya con la certeza absoluta, y el orgullo, de saber que son ellos y solo ellos ese «ambiente de Vallekas» del que todos hablan, como quedó patente en ese leve suspiro de silencio.

Antes de ese momento se había estado a la altura, superando las circunstancias, porque el maldito horario de las 16.00h que se empeñan en imponer va contra todo lo que sea la pasión, va contra los seguidores. Pero se animó y, una vez más, se protestó.

No vamos a dejar pasar ni la más mínima ocasión para pedir al actual presidente que ponga a la venta el club y se marche, o al menos sea consecuente y ponga sus acciones a la venta para que todos aquellos socios que lo deseen puedan comprarlas y que poco a poco el Rayo sea de sus socios. Debe despertar el rayismo, porque por encima de una derrota, de la marcha de un jugador o la llegada de otro, está el presente y el futuro de nuestra Agrupación Deportiva, que fue comprada por Raúl Martín Presa por la insultante cantidad de 961 euros.

Por primera vez se escuchó en el estadio el «Presa vete ya», y así seguirá siendo hasta que los testaferros no se marchen de Vallekas. Con este detalle nos quedamos. Bueno, con esto nos quedaríamos si el Fondo no hubiera rugido como lo hizo en los diez últimos minutos de partido. Quizá ese instante de silencio sirvió para que todo ese Fondo se diera cuenta de lo verdaderamente importante que es y la recta final del partido fue de esas que no se van a olvidar. Con nuestro equipo perdiendo por la mínima, volcado al ataque y sufriendo peligrosos contragolpes, sin muchas esperanzas de sacar algo positivo, pero los de detrás de la portería no fallaron. Ese cuarto de hora final cantando, como decía la canción, con el corazón, sin parar, y enchufando al resto de seguidores fue algo que queda grabado.

Pitido final. Se acabó el partido. ¿Silencio? Ni mucho menos, el cántico retumbó aún más fuerte mientras nuestros jugadores no tenían más remedio que agradecer todo el esfuerzo pese a la derrota. No se lo creían ellos, menos aún los rivales. Nunes, capitán del Mallorca, se retiraba del césped con la mirada clavada en esos locos que seguían animando a su equipo una vez concluido el choque, pese a la derrota. El jugador bermellón, con un gesto mezcla de sorpresa y de envidia, se marchó aplaudiendo, felicitando a ese Fondo que, un partido más, se hizo un poco más grande.

 «EL RESULTADO DA IGUAL, AQUÍ SE VIENE A ANIMAR. SOLO NO CAMINARÁS«



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