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Sevilla 2-1 Rayo, La Grada

Tantas jornadas deseando poner nuestros huesos en la carretera, tantos meses queriendo devorar kilómetros. No eran ganas, más bien obsesión. La franja roja jugaba lejos de Vallekas y esta vez los horarios no impedían seguir su senda. Domingo a las 17.00h, como toda la vida, como siempre debería ser. Se junta el hambre con las ganas de comer. Porque el destino es de esos que te obligan a viajar. El Sánchez Pizjuán es un estadio tan vetusto como histórico. No importa en qué condiciones esté o si a la afición visitante la sitúan en la zona más elevada. No importa si ya has estado allí en Copa del Rey, en Segunda ante el filial o en el año de tu regreso a Primera, porque acudir a Nervión es siempre una obligacion. Y eso que el final de mes no es la mejor fecha para dejarse un dinero que no se tiene, aunque el grupo se busque la vida una vez más para abaratarlo lo máximo posible, ni el estar en plena crisis, o en época de exámenes, ni el tener a la vista la visita al Bernabéu… Obstáculos, muchos; ganas de superarlos, todas.

El resultado era obvio: la pancarta de viajes colgada en la grada. Y tras ella, un buen número de miembros del grupo que recibieron al equipo así.

Si ya es complicado tifar en casa por todos los motivos que actúan de condicionantes, hacerlo fuera, en una grada que desconoces, es una misión que se antoja de gran dificultad. Nuestro Komando Tifo nos demostró una vez más que dónde se suele ver una imposibilidad ellos estudian hasta el más mínimo detalle para sacar el máximo partido de una grada, y esta vez con el coste mínimo. El gran cubregradas que ocupó casi de forma medida la grada visitante es el escudo de Vallekas que formó parte de aquel tifo de ‘Hijos del caballo blanco’.

Esta vez el motivo era totalmente diferente, tenía que contener un matiz relacionado directamente con el desplazamiento de la afición, y nuestro Komando también es experto en seguir ofreciéndonos frases originales, nuevas y siempre acertadas, esta vez extraída de una vieja canción que habla del barrio, de esas fiestas populares, de esa mítica Batalla Naval: ‘Navegando en un sueño va tu barrio’.

No acabó ahí el trabajo de los hombres de la brocha, que en esta temporada en la que cumplimos 20 años han hecho posible que en todos los desplazamientos del grupo se refleje nuestro aniversario como es debido, con un ‘cambio’ en nuestra mítica pancarta roja. Nada, absolutamente nada tiene más valor para un grupo ultra que su pancarta, por ello esta debe ser respetada en todos los sentidos, sin nada encima más allá de aquello que decide el grupo (pancarta de Sancionados, de nuestro único grupo hermano…) y, ahora en los viajes, el logo exclusivo de estos 20 años al abordaje.

Pancartas en su sitio, tifo recogido, banderas al aire y las voces preparadas ya para cantar durante todo el partido, independientemente del juego del equipo, del resultado. Se suceden los cánticos, las coreografías, los bufandeos… Pocas sensaciones superan a la de estar en otro estadio, rodeado de miles de seguidores rivales, y hacer llegar tu aliento al equipo.

Cuando tu voz llega al césped aún siendo un pequeño peñón en un mar de seguidores locales, el grupo siente orgullo, o eso debería sentir, porque una sensación extraña te impide disfrutar, la que te recuerda que hay otro cuya voz hace tiempo que no llega al terreno de juego, y no precisamente porque no cantara fuerte, sino porque hace tiempo que lo quieren silenciar, desterrar de su propio estadio, de su casa. Y es en ese momento cuando giras la cabeza para clavar la mirada en ese Gol Norte y ves sentados, callados, a los que toda la vida han estado saltando, dejándose el alma por su equipo. Y justo después elevas la mirada al palco y allí, sentado al lado de ese pobre inútil que todos se preguntan cómo puede presidir el Rayo, está tan tranquilo el culpable de que Nervión dejara de rugir, de que ese ambiente espectacular sea solo un recuerdo.

Desde siempre, por filosofía del grupo, hemos evitado inmiscuirnos en cualquier aspecto relacionado con otro grupo. No somos nadie para opinar o criticar lo que se haga o deje de hacer en otras gradas, sean amigas, enemigas o neutras, porque suficiente tenemos con procurar crecer y superarnos cada día. Pero hay hechos tan graves, que afectan además a un grupo amigo, que no solo no podemos obviar, sino que debemos denunciar. Por ello nos acordamos de Del Nido en su propia casa, ante sus propios socios, silbándonos la mayoría de ellos por los varios cánticos que hicimos y que retumbaron en todo ele stadio. Nos recordó por momentos a esa etapa en la que el rayismo vivía cegado, dejando hacer y deshacer a su antojo a la familia Ruiz-Mateos, criticando a Bukaneros cada vez que alzábamos la voz contra una directiva que, como se demostró con el tiempo, estaba dejando el club como un solar. Tanto, que hemos estado al borde de la desaparición y seguimos sufriendo esa larga y negra etapa en la que unos robaron y otros callaron. El tiempo, aunque fueran 20 años, terminó dándonos la razón. Ojalá nuestros cánticos y denuncia pública sirvan para que ese sevillismo despierte y tarde menos tiempo que en Vallekas en darse cuenta quién es el malo de la película.

En el césped nos topábamos con un gol en contra justo antes del descanso, que hacía muy cuesta arriba la segunda parte, pero en la que los nuestros tiraron de esa valentía, coraje y nobleza que reza nuestro himno para empatar el choque con un penalti que llevó la locura a nuestra grada. Es ese instante, tan lejos de tu barrio, abrazado a tu compañero de viaje, a tu amigo, correr por la grada para fundirte con el otro colega de más allá, abrazar a los que ni siquiera conoces… Sí, es esa sensación por la que todo merece la pena. Aunque dure poco y un vallecano te despierte del sueño de un taconazo. No importa. Tu grupo sigue animando aún más fuerte. Las voces están desgastadas, las gargantas medio rotas, y ahí sigues gritando ese Sancionado Alé por ese hermano que se cruzado medio estado contigo pero que se tiene que quedar en la puerta por la maldita Ley del deporte; o ese ‘A las armas’ que hace los sevillistas más cercanos miran sorprendidos preguntándose cómo pueden seguir a esas alturas de partidos esos chiflados de la franja roja cantando.

Nos llevamos una derrota en la mochila, pero pesa más el orgullo de saber que en los tiempos más duros salen cada vez más piratas nuevos con ganas de navegar lejos de nuestros mares. Y con un deseo: regresar la próxima temporada y que no nos escuche ni el de la seguridad de al lado. Sería buena señal para Biris Norte y su sección Gate 22.

FÚTBOL – ULTRAS = NADA

 



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