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Rayo 1-2 Deportivo, La Grada

El viernes 30 de enero fue el día en el que el rayismo adoptó el ya famoso color naranja para denunciar los atropellos sufridos las últimas fechas por la LFP y el Club. ¿Por qué el naranja? Vestimos este color porque es el de la indumentaria de los presos de Guantánamo y otros penales mediáticamente conocidos. Y porque el aficionado rayista cuando va a su casa, que es su estadio, es tratado como si fuera un preso de estos penales. Sus derechos como ciudadano quedan aparcados una vez que cruza los tornos, pasando a ser un sospechoso habitual, y como tal se le trata.

Así que durante toda la semana Bukaneros preparó esta protesta, la cual fue tomada en la asamblea que el rayismo hizo el día del no-desplazamiento al Calderón. La forma fue la de la marea naranja, como manifestación de esta persecución contra los grupos de animación y los ultras, lanzada desde la Liga y con la connivencia del club. Adoptamos el color como forma visible de la protesta ante estas medidas que, lejos de ir a la raíz del problema, tienen como único objeto la represión y persecución de grupos incómodos, y aquí, queridos rayistas, tenemos muchas papeletas compradas.

Desde las redes sociales fuimos lanzando la campaña de cara al día de partido. La Liga de Fútbol volvía a obsequiarnos con otro detalle más, y van… Un partido el viernes, tradicional día de fútbol, como todo el mundo sabe.  Y para acompañar el homenaje, pues lo declaran de alto riesgo. Esta vez las razones se asentaban en un supuesto contubernio vallecano-coruñés que aprovecharía la ocasión para buscar la sedienta venganza cual lobos esteparios (Marca dixit). Lógica postura, puesto que de todos es conocida la declarada animadversión entre la afición coruñesa y la nuestra.

El aficionado del Rayo, conocedor de la problemática, y algún despistado que todavía no se había enterado que había pasado a ser un unusual suspect, se encontraba con la Avenida de la Albufera llena de pancartas denunciando  esta campaña represiva. Los mensajes de “Fútbol – ultras = nada”, “Somos rayistas, no delincuentes”, “Fútbol si, Tebas no” o “Bukaneros resiste”, cubrían las paradas de Metro. Todo coronado con unas pancartas a la puerta del fondo, donde se anunciaba con nuestra habitual sorna   «Bienvenidos a Guantánamo».

El partido reunía muchos alicientes, rival directo por la permanencia, la incertidumbre sobre las nuevas medidas represoras, la respuesta del rayismo a ellas, el éxito o no de la campaña guantanamera y el homenaje a nuestro Wilfred.

El grupo, tirando de trabajo, imaginación y firmeza, planteó la jornada como un escenario donde sacar a la luz la represión  que está sufriendo Bukaneros en particular, y el rayismo en general. Para ello repartió más de 1000 chubasqueros naranjas en las puertas del estadio, principalmente en nuestra grada, para que la marea naranja fuese visible. La gente participó animosamente y, tirando de imaginación, se vieron indumentarias presidiarias muy curradas.

La entrada de los tornos, una vez más, tuvo su capítulo aparte. Previamente se había acordado poder pasar una pancarta mensaje en honor a Willy. De megafonía, bombos y banderones nos olvidamos. Finalmente se consiguió introducir únicamente la pancarta de homenaje a Wilfred y las banderas pequeñas del grupo. Pero de nuevo, la irracionalidad, la arbitrariedad e indefensión dieron la bienvenida a los rayistas del fondo. Tras los consabidos cacheos exhaustivos vino la revisión de las bufandas. Ante los primeros atropellos, la reacción del personal y del grupo fue protestar enérgicamente y exigir el por qué de estas medidas y atendiendo a qué ley. Porque no nos consta en ningún sitio que el nombre de Bukaneros o un dibujo de una calavera estén prohibidos. Desde aquí animamos a los rayistas que sufran estos hechos a que defiendan sus derechos denunciando estas medidas.

El partido estuvo precedido del homenaje a Wilfred, que siempre a nuestros ojos será insuficiente. Porque una placa en la puerta, un minuto de silencio y una apresurada entrega de un ramo de flores a sus hijos no refleja la impronta que tuvo, tiene y tendrá nuestro portero más querido. Porque él representó los valores e idiosincrasia del barrio y club como pocos.

El triste minuto de silencio fue transformado por el característico “Willy, Willy”, coreado por todo el estadio con gran emoción y presidido por la pancarta con la leyenda “Eterno Willy” adornada con una palomita de nuestro símbolo. Acompañada de la mítica bandera de Nigeria, que tantos años engalanó nuestra valla del lateral de la Albufera y del fondo. También fueron numerosas las pancartas que recordaron a lo largo del estadio su figura.

El estadio presentó una entrada aceptable, con una nutrida presencia de seguidores deportivistas, gracias a otra campaña del club de promociones de entradas. Curioso el comportamiento de la directiva, que reprime a sus abonados, a sus fieles, y premia con promociones al personal.  El miedo a un campo desangelado no se combate llenándolo de gente, sino respetando a tus fieles que son los que llevan la pasión del rayismo consigo.

El partido tenía lugar en un estadio de luto, con la pancarta del grupo también de luto, sin letras, censurada, huérfana de caracteres. Fue la que recibió al equipo, que salía con la pancarta en homenaje al mito Willy, con la leyenda ‘Descansa Willy’.

El partido frío, gélido, empezó titubeante sobre el césped y en silencio en la grada. Marcado por el inicial gol del Depor y el posterior empate de Bueno, que ponía las tablas en un marcador de un frío y tenso partido. Hasta que en torno al minuto 24, atronó desde los laterales del campo el habitual ya ‘Somos rayistas, no delincuentes’, para a continuación el ‘Todos somos bukaneros’. Esta comunión con el rayismo dejó aparcada la protesta de animación y, en sintonía con la grada, comenzaron los cánticos del fondo coordinados con el alma y la performance de nuestros speakers que, a falta de bombos o megáfono, le pusieron muchos arrestos, con un ‘A las armas’ que nos puso a todos como motos.

Destacar los detalles que recibimos primero por una parte de nuestra afición y segundo por los Riazor Blues desplazados, que desplegaron sendas pancartas en el lateral de la Albufera brindándonos todo su apoyo.

La primera parte transcurrió con el esfuerzo de los jugadores, nerviosos en el césped, y la entrega de nuestras gargantas, sin más incidencia que el lanzamiento desde el lateral de un mechero al césped por parte de un iluminado. Comportamientos estúpidos como éste echan por tierra el trabajo de una afición que en estos momentos vive los momentos más duros.

Tras el descanso y las tablas en el marcador, el Rayo pareció tomar algo de más impulso y tras un gol anulado y la oportunidad marrada por Bueno, llegó el regalo de turno de la zaga rayista, para dar un penalti en forma de presente. Nervios y tensión en el campo, y gargantas rotas en la grada, coordinadas por el speaker que se paseó por toda la grada tratando de paliar la dependencia de megáfono y bombo.

El partido consumó la enésima derrota del Rayo en casa y la tristeza de los parroquianos, que manifestaron la buena comunión con la hinchada visitante, cerrando la noche con los cánticos a dos voces de Willy y Jimmy. Las dos personas que nunca debieron perderse este encuentro.



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